VIVENCIAS – Carta de Alicia, alcohólica en recuperación, 60 años.
Soy Sagitario, soy alcohólica. Durante demasiado tiempo la mitad animal de mi dominó la razón, la inteligencia y la nobleza del arquero. La oscuridad se adueñó de mi. El arquero quería enviar su flecha al infinito, a lo alto, hacia fines nobles y superarse El animal hacia todo lo posible por hundir sus patas en el barro. Me llevó años de vagar en la bruma del alcohol para darme cuenta de que necesitaba ayuda, que sola no podía, que mi forma de beber era ingobernable, que no podía ni debía continuar ese camino de autoengaño, de lastimar y dar lástima, de herir y ser herida. Llegué a la etapa del chancho: ya no me importaba bañarme, ni salir, ni mi trabajo (en el que llevaba 39 años, NADA!) Nadie podía hacerme reaccionar. Ni los ruegos ni las amenazas. Ni las miradas de preocupación, ni las miradas de odio que veía en mis hijos. Tenía que salir de mi. O tenía que venir del exterior? El destino, o la preocupación de mis hijos, quiso que llegara al Programa de Ser Libre. Mi rebeldía de alcohólica me llevó a recaer más de una vez. Pero con mano firme me obligaron a dejar mi casa, donde cómodamente volcaba las botellas de todo tipo y tamaño, a alejarme de mi ENTORNO. Empecé a transitar el triste camino de la “sobriedad impuesta”. Con el correr de los días, llegué a disfrutar el estar sobria, de preocuparme por mi exterior y por mi interior. Me esmeraba para vestirme, seguí el impulso de maquillarme, de usar perfume, de comprarme algo de ropa que me gustaba, Empecé a leer, no sólo novelas, empecé a leer la literatura de AA, que con toda buena intención había comprado mientras subía y bajaba de mi calesita. Empecé a analizar mis sentimientos, a encarar mis defectos y a disfrutar de mis virtudes. Y empecé a recoger lo que estaba sembrando: el cariño de mis hijos, el respeto de mi pareja, la comprensión de todos. A verme como un ser humano. Con problemas a superar (no sólo qué, cuánto y dónde comprar; qué, cómo y dónde consumir; dónde esconder la bebida, dónde esconderme yo para no ser molestada ni controlada, no recibir reproches ni ver cómo tiraban mi amado alcohol en la pileta o en el water – lugar en el que debía estar, aunque yo no lo entendía. 24 tras 24 horas llegué a los 6 meses.
Agradezco a Dios, a los grupos de AA, y a la persona que con dureza puedo ablandarme. Mi camino está adelante. Por 24 horas y por siempre si Dios y yo lo queremos. GRACIAS! |