SU VISION DE LAS DROGAS ANTES
Para mi antes de involucrarme en el tema y de tenerlo tan cerca, era como estar mirando la vidriera del lado de afuera del local.
Sabía que estaba ahí, incluso muchas veces hasta participé dentro de ámbitos donde se tomaba muchísimo alcohol y se consumía droga. Igual lo veía como una realidad de otros, para mi no era ni una problemática ni me ocasionaba nada. A nivel familiar, yo tengo otros familiares con adicción: mi mamá es alcohólica y mi hermano es alcohólico y adicto. Pero igual nunca había tomado demasiada conciencia sobre el tema. Y bueno después cuando ya había golpeado la puerta de mi dormitorio, ya era distinto, ya no era solo en la puerta de casa, ya era tenerlo adentro.
ASUMIENDO LOS SÍNTOMAS...
En el caso de mi hijo, él lo planteó. Vino abiertamente a decirlo. Él empezó, obviamente como empiezan todos: con un porrito.
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Alcohol nunca tomó, pero empezó con eso, y bueno lo planteó.
En un primer momento, como todos los padres pensé: “ah bueno ta, si fumó un porrito y me lo vino a contar encima, ¡Es la octava maravilla!”Como yo misma nunca tuve una relación directa con las drogas, tampoco lo vi tan importante, ni trascendente. Además en esa época me costaba muchísimo el tema de los límites y confundía los roles: era más amiga de mi hijo que mamá y eso también pesa. Cuando ya la problemática estaba instalada dentro de él, que ya no lo podía manejar, fue cuando tomé conciencia.
Hasta que su conducta comenzó a cambiar y ya todo el mundo se daba cuenta. Y ahí fue que empezó a despreocuparse por cosas que antes le gustaban: ya no leía más, dejó las actividades que antes hacía y a sus amigos. Todo su entorno empezó a cambiar. Él era muy cuidadoso en su aspecto personal, ahora ya no le importaba tanto. También dejó de estudiar. Tiene un carácter muy alegre y empezó a ser un tipo mas bien retraído. Problemas de conducta tuvo toda la vida, siempre fue muy agitador y manipulador también, pero la enfermedad le hizo exacerbar todo eso.
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PRIMERAS REACCIONES
Ha sido un largo camino a recorrer. La primer pregunta que todos lo papás nos hacemos es: ¿Por qué a mi? Hasta que un día te contestas ¿por que no a mi? Después empezas a ampliar el abanico de las posibilidades y te das cuenta que no es a vos sino que es al adicto al que le pasan las cosas.

Es cierto que podemos tener una relación de responsabilidad dentro del entorno que nos tocó vivir, pero también que no tenemos la culpa ni hay porque flagelarse por esa situación. La primera etapa es la Negación: “no bueno, es una pavada, esta coqueteando”. Después el siguiente paso es la transferencia de culpa: es empezar a ver en el entorno un culpable como por ejemplo los amigos o algún familiar. Después juntar todo ese material y darte cuenta que no hay una sola razón.
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VIVIENDO EL PROCESO
Cuando pedía consejos en las clínicas me decían: “no podes seguir protegiéndolo, seguir alimentando la enfermedad, tenés que decirle que se valla, que haga su vida y que toque fondo”. Para mi era lo más terrible que me podían decir. Tuve un proceso de cómo seis meses tratando de entender lo que me estaban diciendo y de juntar coraje para hacerlo. Hasta que un día lo hice y estuvo como un mes y medio en la calle. Yo sabía donde estaba, había un seguimiento de mi parte sin que él supiera. Finalmente, él pidió ayuda y lo llevé a una institución durante un año y medio donde logró la abstinencia durante ese tiempo. Era un tratamiento en que en una primera etapa estuvo internado, después fue ambulatorio, luego tenía dos sesiones por semana. Todo perfecto, pero a él para mucho no le sirvió. Por ahí hay chicos que les sirve. Cada adicto tiene su particularidad, su tiempo, sus motivos, sus resortes y su fondo. Luego de eso recayó, estuvo muy mal Y se internó en otro lugar, siempre por su voluntad. Ahí estuvo veinte días y luego lo echaron. Nuevamente consumió y lentamente esta buscando su “fondo”. Y esperemos que esta vez sea la última y que haya llegado a su “fondo”.
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LOS MÉTODOS DE TRATAMIENTO
Ya he recorrido distintos métodos. Desde reducción del daño, tratamientos con medicamentos y la internación en “frascos de Bracafé” con la tapa cerrada (no dejándolo ver la luz del sol) y largándolos a la calle desbocadamente. Uno va escuchando y va viendo un montón de cosas.

Hasta ahora he acompañado todos los tratamientos de mi hijo, haciendo terapias familiares, grupales y un montón de cosas. Por el momento, con los que yo me he sentido más cómoda, es con los operadores terapéuticos. Si bien aclaro que estoy de acuerdo con que tiene que haber un referente técnico (por si hay que medicar). Los operadores hablan mi mismo idioma y el de mi hijo. Si hay que internar saben el momento en que el adicto esta a punto y no es simplemente un trámite administrativo y una receta que se rellena.
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Además, juntos buscamos soluciones, porque de nada me sirve a mi encontrar un culpable sino puedo hacer nada para revertirlo.
VIVIENDO SU REHABILITACIÓN COMO MADRE
Hay una diferencia abismal de cuando yo empecé con todo esto y como me siento ahora. Así como nuestros adictos necesitan una recuperación, nosotros también. Por suerte hace bastante que estoy en recuperación. Empecé a reconocer que yo estaba dependiendo absolutamente de lo que le estaba pasando a él. Estaba abandonando mi propia vida, mis intereses y sueños y me había postergado a un tercer, un cuarto y un quinto lugar. Hasta que, lentamente, fui recuperando mi lugar y dándole el lugar que a él le correspondía. Es así que uno descubre también que de alguna manera uno es coadicto, es decir, que depende del adicto y que hay que cortar ese lazo con mucho amor y sin perder de vista las responsabilidades pero también los derechos.
Aprendí a sacarme la mochila de la culpa, a saber a acompañar con amor lo que él decida y aceptar que es él que tiene que buscar su camino. Por sobre todas las cosas cuidarme yo antes que nada. Y eso me llevó mucho tiempo.
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LA PREVENCIÓN
Creo que ese camino no lo transitamos casi ninguno de los padres. El prevenir nos agarra ya casi con el problema instalado. Creo que la prevención en definitiva se puede hacer con una buena educación, una buena campaña de información en las escuelas, liceos, hogares y en los lugares de trabajo. Que se pueda conversar el tema con libertad, que no halla vergüenza de hablar ya sea por tener un hijo adicto o porque pueda caer en adicción.
CONSEJO A LOS PADRES
A mi no me gustan mucho los consejos, pero de repente a la gente de mi generación no confundirnos tanto con los discursos preciosos con los que crecimos donde nos hablaron de la libertad y que uno puede ser amigo de sus hijos. Hay que volver a nuestra infancia y acordarse de que papá era papá y mamá era mamá.
Con sus pros y contras esos roles estaban muy definidos. Actualmente, nosotros en parte contribuimos a mezclarlos. Es mucho más cómodo ser amigo de un hijo. Un NO a tiempo y un límite con mucho amor pueden ser muy importantes.
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A veces los padres decimos “yo no entiendo porque me pasó esto a mi que le di todo a mi hijo”. De repente no le dimos lo fundamental que es la seguridad. Y la seguridad está en el límite, y esto a veces se aprende muy tarde.
A LOS PADRES CON HIJOS ADICTOS
Les diría cosas que he aprendido con la experiencia. No vale la pena ni gritarle, ni reprocharle, ni escarbar, ni hablar y hablar permanentemente. Sino que de repente sentarnos a escuchar lo poco que puedan decirnos. Partir de la base que cuando están en consumo, no están diciendo la verdad y no son ellos sino la enfermedad la que se manifiesta.Por más que uno rezongue están esperando que uno termine de hablar para salir a consumir. Hay que armarse de paciencia y como en todos los órdenes de la vida predicar con el ejemplo. Yo no le puedo decir a mi hijo que se encargue de él si yo no me encargo de mi.
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A nosotros los papás esto nos cuesta muchísimo. Vemos el problema en nuestro hijo, y a lo mejor cometemos la misma falta. Porque en definitiva si no centramos la vida en nosotros mismos, ya no tenemos que hacernos cargo de las propias frustraciones, dolores, de la problemática personal, de nuestros defectos, virtudes, aciertos y errores. Vamos a no cargar mas con las culpas pero si asumir las responsabilidades con dignidad, con valentía y tratando de tener el valor de cambiarlas en el caso de nos hallan perjudicado.
A LOS JÓVENES
Es una enfermedad para toda la vida por lo que hay que tener mucho cuidado. Se pierden demasiadas cosas que a veces no se dan cuenta que se tienen.
La vida sin ningún estimulo externo (químico) vale la pena. La mejor droga está dentro de uno. El mejor “pegue” es encontrar lo que uno quiere en la vida y poder hacerlo. Hay millones de maneras de divertirse y pasarla bien. Hay millones de maneras de superar las angustias, las frustraciones y la soledad.
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Hay simplemente que abrir todas las puertitas que se presentan y no solo la más fácil. Y que es una enfermedad, y que hay que hacer todo un camino de recuperación para convivir con ella. Si pueden evitar entrar mejor.
SU VIDA HOY
Hoy una cosa que esta buena es que no tengo rencor. Yo tenía mucha impotencia y bronca hacia mí, el entorno, la vida, mi hijo, hacia todo.
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Ahora estoy sin rencor que no es poco cosa. Peleo mas por las cosas que me parecen valen más la pena y no tanto por pavadas.
Descubrí que no quiero a mi hijo de una manera obsesiva sino que lo quiero porque es un ser humano estupendo y no solamente por ser mi hijo. Cuando no esta dominado por la enfermedad tiene un humor maravilloso. Aprendí que ahora quiero ser la mamá de Federico y no su amiga.
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