Adolescencia vs. Adicción

Op. Ismael Piñero

Una gran dificultad que se presenta en la consulta familiar es la realización de un diagnóstico adecuado. Muchas consultas nos presentan situaciones semejantes a la siguiente: “Mi hijo no está estudiando, se encierra en su cuarto, no participa de las reuniones familiares, abandonó el deporte, sale seguido de noche, escucha música a altos volúmenes, es agresivo conmigo, no se higieniza como antes, está mucho rato acostado, trasnocha, le cuesta levantarse, no colabora en las tareas de la casa, etc”.

 

 

 

 

 

 

Cualquier entendido en conductas adictivas debe considerar tales comportamientos como las consecuencias de un proceso adictivo, sin embargo, tampoco podemos dejar de ver a un adolescente transitando por una situación de crisis natural a su edad: cambios hormonales, físicos y emocionales, mayores obligaciones, cuestionamientos a la autoridad, pérdida de la niñez, etc. Nos encontramos entonces con una sintomatología (en comportamientos y creencias) aparentemente muy similar que perfectamente puede describir dos procesos, uno de adicción y otro propio de la adolescencia, sin contar alguna otra posibilidad como otra enfermedad, una pérdida importante, además de la niñez, etc.

¿Cómo puede entonces diferenciarse una situación de la otra?

Lo ideal sería contar con una comunicación confiable entre ambas partes- padres e hijos, pero lamentablemente no siempre está presente, de hecho las disfunciones en la comunicación (doble mensaje, falta de autoridad, autoritarismo, incomprensión, etc) son factores que favorecen el desarrollo de conductas adictivas y otras problemáticas. Para intervenir efectivamente es sumamente importante reestablecer una comunicación sana y confiable de ambas partes.

Al entender a la adicción como una enfermedad con una etiología propia, es necesario obtener información acerca de antecedentes genéticos adictivos, tales como alcohol, comida, juego, drogas, tabaco, etc para determinar si existe una posible predisposición adictiva.

También es útil saber si él o la joven tienen o han tenido comportamientos obsesivos y compulsivos hacia alguna actividad como puede ser computadora, internet, música, etc, y si considera que esas conductas no le generan consecuencias negativas (ilusión de control).

Agregando a esta información los posibles consumos de alcohol, psicofármacos y drogas ilegales, que incluyen cantidad, frecuencia, ritos (relación con la sustancia) y núcleo de amigos, se podrá de alguna manera aproximar a un diagnóstico más preciso del adolescente.

En condiciones de conocer con mayor profundidad el problema, se estará avanzando en un enorme porcentaje hacia su solución.

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